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VIVIR COMO DELEUZE: Cerati y el resplandor de estar

Una canción, un filósofo y el arte de sentir sin pedir permiso

Por: Amor Hdz


No todas las canciones se escuchan. Algunas se viven. Algunas te sacuden algo que no sabías que tenías guardado. Así me pasó con Vivo, de Gustavo Cerati. No solo me emocionó —me pensó. Y sin buscarlo, me llevó a Deleuze (Filosofo que conocí hace poco gracias a un amigo cercano), a su forma de ver la vida como un campo de sensaciones, como una existencia que no necesita una meta para tener sentido. Tal vez esta entrada es distinta a las demás. Tal vez es un poco más filosófica, un poco más suelta. Pero es mía. Y ojalá también un poco tuya.


“Comprender que solo estar es más puro” — Gustavo Cerati

Hay canciones que no solo se escuchan: se encarnan. Son como pequeñas grietas por donde se cuela la luz de algo que sentimos sin tener que explicarlo. Vivo, de Gustavo Cerati, es una de esas piezas. Y sin buscarlo, termina encontrándose con Deleuze.

Gilles Deleuze, filósofo del devenir, decía que vivir no era una cuestión de identidad, ni de llegar a ningún lugar, sino de sentir, de afectarse, de dejarse atravesar. De habitar la vida como un campo de intensidades, no como un sistema de respuestas.

Vivo hace justo eso. No intenta entenderlo todo. No necesita una historia que cierre. Solo estar. Sentirse. Respirar. Dejar que algo pase por dentro sin nombrarlo.

“Por aquello que encontré en tus ojos / por aquello que perdí en la lucha”

Ahí empieza el viaje. No como conquista, sino como pérdida. No desde la certeza, sino desde la sensación. Como diría Deleuze, no se trata de alcanzar una totalidad —porque “conocer la otra mitad es poco”—, sino de perderse en el proceso. De dejarse tocar por el mundo y por el otro sin querer retenerlo.

“Me pondré el uniforme de piel humana / no esperaba tanto resplandor”

Cerati se viste de humano, pero sabe que eso no lo define del todo. Que ser humano es solo una forma provisional. En el fondo, todos estamos en fuga. Deleuze diría que siempre hay algo en nosotros que se escapa, que se transforma, que no termina de fijarse en ninguna etiqueta. Ese “resplandor inesperado” es, quizá, la vida misma revelándose por un segundo. Sin forma, pero absolutamente real.

“El fin de amar, sentirse más... vivo”

Amar no como posesión ni promesa. Amar no como contrato ni destino. El fin del amor que duele abre paso a otro tipo de amor: el que se siente. No más medias naranjas. Solo cuerpos que vibran, que se rozan sin necesidad de fundirse. Sentirse vivo en el presente, sin ataduras.

“Y como el fuego reflejado en el agua, dibujaba partículas de Dios”

La imagen es puro Deleuze: el fuego no se apaga en el agua, se transforma. Se refleja. Se vuelve otra cosa. Ahí está lo divino, no en el dogma, sino en la experiencia. En ese momento exacto donde algo te toca y no sabrías explicarlo con palabras.

“Comprender que solo estar es más puro”

Al final, todo regresa a eso: Estar. Habitar. Respirar. No el amor que se busca, ni la identidad que se defiende, ni las respuestas que se coleccionan. Solo estar, sin adornos. Y desde ahí, vivir.

Vivo no es una canción sobre la vida. Es una canción que vive. Que no pretende llegar a ningún lado, sino encenderse en el acto mismo de existir.


Reflexión personal.

A veces siento que he pasado gran parte de mi vida queriendo sentirme viva, sin entender que esa sensación no está en lo que obtengo, ni en quién me mira, ni en lo que logro.

Sentirme viva —realmente viva— ocurre en los momentos más simples. Cuando no espero nada. Cuando no actúo para gustar, ni para convencer. Cuando simplemente estoy. Ahí es donde hay verdad.

Quizá Gustavo nunca leyó a Deleuze. Quizá sí. Pero lo cierto es que en esta canción no hay teoría, ni estructura, ni sistema. Solo el fuego reflejándose en el agua. Solo el cuerpo vibrando. Solo el instante haciéndose eterno por un momento.

Y eso, más que pensar la vida...es vivirla.


 
 
 

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