Lo que pesa antes de hablar
- Amor Hdz
- hace 2 días
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Hay un punto exacto en el que la voz se quiebra antes de nacer.
No siempre lo recordamos, pero casi todos lo hemos sentido: esa tensión mínima en el pecho, el aire que se detiene, las manos que dudan antes de estirarse.
Quizá la pena de pedir comenzó ahí:
en la infancia, cuando levantar la mano era suficiente para sentir que el mundo volteaba a verte con demasiada luz. Pedir ir al baño, preguntar algo, nombrar un deseo simple… todo se sentía como exponer una parte demasiado vulnerable.
Con el tiempo, aprendimos que necesitar era un gesto peligroso.
Que había preguntas que podían incomodar, deseos que pesaban demasiado, expectativas que era mejor callar. La cultura afectiva donde crecimos nos enseñó a movernos con discreción: a pedir permiso antes de existir, a disculparnos antes de abrir la boca, a creer que molestar es peor que guardar silencio.
Y el cuerpo lo recuerda incluso cuando la mente ya lo entendió.
Hay días en que pedir algo hace que se contraiga el estómago, que los hombros se tensen, que la voz salga más baja de lo que quisieras. No es timidez: es una memoria antigua tratando de protegernos.
Pedir, en la adultez, se convierte en un pequeño acto de valentía. Un examen invisible donde nos preguntamos, sin decirlo, si merecemos lo que deseamos. Si nuestra necesidad es válida. Si el otro podrá sostenernos sin juzgar.
Merecer, sin embargo, no tiene nada que ver con los ojos ajenos.
Es aceptar que hemos sobrevivido a suficiente, que hemos crecido lo necesario, que nuestras ideas —acertadas o no— han sido las que nos mantuvieron a flote. Merecer es reconocer que pedir también es un acto de dignidad.
A veces me pregunto en qué momento olvidamos que todos nacimos sabiendo pedir.
Que antes de las palabras, el cuerpo gritaba sin culpa: tengo hambre, tengo frío, necesito algo. Y alguien acudía.
Quizá crecer sea eso: aprender a escuchar otra vez esa voz primaria, pero con la suavidad de quien ya comprende su propio valor. No se trata de exigir sin medida, ni de esconder los temores, sino de hablar incluso cuando la voz tiembla.
Tal vez pedir sin miedo no sea la meta.
Tal vez lo importante sea entender por qué la voz tiembla y aun así dejar que salga.
-- Amor Hdz

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