El silencio como un lujo silencioso
- Amor Hdz
- hace 2 días
- 3 min de lectura
Últimamente el silencio se ha convertido en uno de esos pequeños placeres que aparecen sin hacer ruido.
Y quizá por eso tardé tanto en darme cuenta.
Antes no podía estar mucho tiempo en silencio.
Necesitaba que hubiera algo sonando. La televisión desde otra habitación. Música. Una sitcom que me supiera de memoria. Lo que fuera. Hasta poner programas matutinos ridículos. No importaba tanto qué estaba escuchando; importaba sentir que el espacio no estaba completamente vacío.
Creo que, de alguna forma, el ruido me hacía compañía, desde niña.
O quizá hacía menos evidente mi propia presencia.
Ahora sigue habiendo música en mi casa. Como siempre, como ritual. La pongo para escribir, para limpiar, para cocinar, para trabajar. Descubrí hace bastante tiempo que cambia mi estado de ánimo y que cada tarea parece tener su propia banda sonora.
Pero últimamente ocurre algo curioso.
A veces Alexa deja de reproducir música porque decidió que era un buen momento para equivocarse. Gracias, tecnología imperfecta.
O termino una llamada con mi mamá y simplemente olvidó volver a poner algo.
Y entonces pasan veinte minutos.
A veces una hora.
A veces más.
No porque haya decidido hacer un ejercicio de atención plena ni porque estuviera buscando silencio. Simplemente... pasa.
Lo curioso es que solo noto el silencio cuando ya lleva un rato conmigo.
Levanto la cabeza y pienso:
"Qué silencio hay."
Y, para mi sorpresa, no siento la necesidad de romperlo.
Lo hábito.
Hay algo profundamente distinto en eso.
Porque durante muchos años el silencio se parecía demasiado a la soledad.
Y la soledad, cuando todavía no sabes vivir contigo, puede sentirse inmensa.
Ahora ya no.
No sé exactamente cuándo ocurrió el cambio.
No hubo un día en el que despertara pensando: "A partir de hoy disfrutaré el silencio."
Simplemente, un día dejó de incomodarme.
Y después empezó a gustarme.
También sé que hay otro tipo de privilegio del que soy muy consciente.
Mi casa es relativamente silenciosa.
Claro que hay vecinos. Claro que a veces hay ruido. Hay perros, alguna fiesta inesperada, herramientas un sábado por la mañana. Y mi maldición de toda la vida, la podadora de césped.
Pero, en general, el sonido de la ciudad llega lejano.
No escucho el tráfico constante, aunque las avenidas estén cerca.
Y eso también es un lujo.
Hay personas para quienes el silencio físico es casi imposible.
Por eso agradezco este espacio.
Pero el lujo del que realmente quiero hablar no tiene que ver con la arquitectura ni con la colonia.
Tiene que ver con algo mucho más difícil de conseguir.
Hay silencios que solo aparecen cuando uno deja de pelearse consigo mismo.
Cuando ya no necesitas llenar cada rincón con estímulos.
Cuando tu propia compañía deja de sentirse como una sala de espera.
Creo que durante mucho tiempo confundí el silencio con la ausencia.
Hoy empiezo a entender que también puede ser una forma de presencia.
Quizá crecer se parezca un poco a esto.
A descubrir que ya no necesitas escapar de una habitación solo porque estás tú dentro de ella.
Y que, de vez en cuando, el mayor lujo que puedes permitirte no es un viaje, ni irte de compras, ni un restaurante bonito.
Es una tarde cualquiera.
Sin música.
Sin televisión.
Sin prisa.
Solo el sonido lejano del mundo...
y la tranquilidad de descubrir que, por fin, eso es suficiente.
-- Amor Hdz.

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