El lugar al que sigo regresando
- Amor Hdz
- hace 13 horas
- 3 min de lectura
Últimamente he escrito menos.
No porque no tenga cosas que decir.
De hecho, creo que estoy pensando más que nunca.
Pero también estoy grabando más videos que nunca.
Hace unos meses decidí tomármelo en serio. No porque quisiera volverme influencer ni porque soñara con vivir pegada al teléfono, sino porque me di cuenta de algo muy simple: si quiero que la gente lea lo que escribo, primero tiene que saber que existo.
Y eso ha significado dedicarle tiempo.
Mucho tiempo.
Leer más. Investigar más. Escribir guiones. Grabar. Editar. Volver a grabar porque no me gustó cómo quedó. Pensar en formas más claras de explicar una idea.
A veces me sorprende porque, técnicamente, sigo haciendo lo mismo que siempre he hecho.
Pensar.
Solo que ahora una parte de esos pensamientos termina en video.
Y otra sigue terminando aquí.
Hace poco un amigo vino a visitarme y terminamos hablando de eso. Le decía que extraño escribir más seguido. Extraño sentarme frente al teclado sin ningún objetivo específico y perderme durante horas siguiendo una idea hasta ver dónde termina.
Y mientras lo decía me di cuenta de algo extraño.
No extrañaba escribir.
Extrañaba la lentitud.
Porque escribir siempre ha sido una de las pocas actividades de mi vida que no intento optimizar. No tiene métricas. No tiene objetivos. No tiene una versión correcta.
Solo aparece una pregunta y yo la sigo.
Y últimamente paso gran parte de mi tiempo intentando convertir pensamientos complejos en algo que pueda entenderse rápido.
A veces olvido lo mucho que disfruto cuando una idea no tiene prisa.
Pero también me di cuenta de que el blog cambió de función.
Antes era el lugar donde compartía lo que pensaba.
Ahora es el lugar donde guardo lo que todavía necesito pensar un poco más.
Los videos son rápidos. Las ideas tienen que caber en un minuto, o menos. Tienen que poder soltarse sin demasiadas capas.
Y eso no tiene nada de malo. Me gusta. Disfruto muchísimo hacerlo.
He conocido personas que hacen preguntas raras sobre la existencia a las tres de la mañana. Que leen y juegan y piensan y de repente necesitan decirlo.
Pero el blog sigue siendo otra cosa.
Aquí no necesito llegar a una conclusión.
No necesito resumir una idea en un minuto.
No necesito que nada funcione.
Puedo simplemente sentarme y pensar.
Y quizá por eso sigo regresando.
Y aunque ahora paso gran parte de mi tiempo intentando encontrar personas que conecten con lo que hago, sigo necesitando un lugar donde no tenga que encontrar a nadie.
Un lugar donde pueda llegar con una idea a medio formar y dejarla respirar.
A veces pienso que la gente no quiere conocerme a mí.
Y creo que está bien.
Porque yo tampoco llego a los libros por sus autores.
Llego porque una frase me encuentra en el momento correcto.
Porque alguien pone en palabras algo que yo no sabía explicar.
Porque una idea me acompaña durante días.
Lo que nos conecta rara vez son las personas.
Nos conectan las preguntas.
Las obsesiones.
La manera en que alguien observa el mundo.
Y quizá eso es lo que he estado intentando hacer todo este tiempo: encontrar personas que miren hacia el mismo lugar.
Por eso sigo haciendo videos.
Porque son una forma de encontrar a esas personas.
Son una forma de decir: "Mira, esto me hizo pensar en algo. Quizá a ti también.
Y si resulta que hablamos un idioma parecido, entonces quizá un día lleguen hasta aquí.
A este rincón extraño de internet donde sigo escribiendo más lento.
Más desordenado.
Más cerca de mí.
Supongo que no he dejado de escribir.
Solo he salido un momento a buscar compañía para el camino.
Y cuando la encuentro, siempre termino regresando aquí.
Porque algunas conversaciones son para compartirlas.
Y otras siguen siendo entre la página y yo.
-- Amor Hdz.

Comentarios