La persona que no recuerdo haber sido
- Amor Hdz
- 27 may
- 3 min de lectura
Empecé a leerla de atrás para adelante.
No sé por qué hago eso.
Supongo que hay algo en mí que prefiere llegar al principio como sorpresa y no como punto de partida.
Así que fui de diciembre hacia enero, página por página, hasta que en algún momento llegué a las primeras hojas y encontré una frase que me detuvo.
Decía algo sobre la pandemia. Sobre el cansancio de estar encerrada. Sobre la sensación de que aquello no iba a terminar nunca.
Me quedé viéndola un momento.
Después entendí por qué me impactaba tanto: sonaba a película de terror.
No porque fuera dramática, sino porque era completamente ajena. Como si la hubiera escrito otra persona en otro tiempo, en un mundo donde dos años de encierro todavía pesaban sobre el cuerpo y el futuro seguía siendo algo borroso, casi irreal.
Y sin embargo, la letra era mía.
Eso es lo extraño de encontrar diarios viejos. No es solo nostalgia. Tampoco es únicamente el golpe de ver quién eras. Es algo mucho más raro: leer a alguien muy interesante que ya no existe del todo.
Alguien que pensaba diferente. Que escribía distinto. Que sentía las cosas desde un lugar que ya no sabes habitar completamente.
Porque eso es lo que más me sorprende cuando me releo: no recuerdo.
No como se olvida un cumpleaños o el nombre de alguien. Es otra cosa.
Hay años enteros de mi vida que solo existen en estas páginas. Si no fuera por estas libretas, no tendría pruebas de que ocurrieron. Mi mente estaba demasiado ocupada sobreviviendo como para recordar. Solo podía aguantar.
Los diarios guardaron lo que yo no pude.
Y creo que por eso escribía tanto.
No porque pensara que algún día alguien iba a leerme, sino porque una parte de mí sabía que necesitaba dejar rastros. Como quien va marcando árboles en medio del bosque para no desaparecer por completo.
A veces encuentro entradas enteras que no recuerdo haber escrito. Conversaciones conmigo misma que parecen venir de una desconocida. Y aun así puedo reconocerla. Puedo sentir el cansancio desde donde escribía. La forma en que intentaba entenderse. La urgencia silenciosa de no romperse del todo.
Lo que leo no me destruye.
Pero me deja quieta un momento.
Es una sensación extraña, parecida a mirar una fotografía de cuando eras niña y pensar: dios, eras tan pequeña y ya estabas cargando todo eso.
Me reconozco en esas páginas de la misma manera en que reconoces una cicatriz vieja. Sabes que pertenece a tu cuerpo, aunque ya no duela igual.
Y creo que eso también es sanar.
No olvidar. No convertirte mágicamente en alguien nuevo. Sino poder mirar a quien fuiste sin sentir que tienes que volver a convertirte en ella para entenderla.
Porque durante mucho tiempo pensé que crecer tenía que sentirse como una transformación enorme. Algo evidente. Una revelación. Pero ahora creo que a veces el crecimiento ocurre de maneras mucho más silenciosas.
Llega como una libreta vieja que encuentras mientras limpias.
La abres.
Lees algunas páginas.
Y de pronto te das cuenta de que esa persona que escribió todo eso eras tú… pero también no del todo.
Y entonces pasa algo extraño.
No sabes si sentir orgullo, tristeza o ternura.
No sabes si alegrarte de haber salido de ahí o abrazarla por todo lo que tuvo que soportar mientras todavía estaba perdida dentro de sí misma.
Así que haces las dos cosas.
— Amor Hdz.

Comentarios