top of page

Pequeñas teorías sobre el tiempo

El tiempo no avanza de la misma forma para todo.

Hay días que duran años.

Y años que desaparecen en un instante.

Hay momentos que se quedan suspendidos, como si no terminaran de irse nunca.

Y otros que pasan tan rápido que apenas alcanzamos a entender que ocurrieron.

Nos enseñaron a pensar el tiempo como una línea.

Algo que va hacia adelante, constante, ordenado.

Pero la experiencia no funciona así.


Hace unos años, en una clase, descubrí una obra que no he podido olvidar.

Dos relojes de cocina, iguales, colocados uno junto al otro.

Marcando la misma hora.

Perfect Lovers, 1901, escultura, 35,6 x 71,2 x 7 cm, Nueva York, MoMA. Arriba, retrato de Féliz González-Torres.
Perfect Lovers, 1901, escultura, 35,6 x 71,2 x 7 cm, Nueva York, MoMA. Arriba, retrato de Féliz González-Torres.

Al principio, perfectamente sincronizados.

Pero el tiempo pasa.

Y, casi sin que se note, empiezan a separarse.

Los segunderos dejan de coincidir.

Pierden el ritmo compartido.

No de golpe.

No de forma evidente.

Simplemente dejan de ir al mismo tiempo.

La obra se llama Amantes perfectos, de Félix González-Torres.

Habla del amor, del tiempo compartido… y de lo inevitable: que incluso lo que parece sincronizado termina cambiando.


Siempre vuelvo a esa imagen.

Porque la vida se parece más a eso que a cualquier otra cosa.

Creemos que el tiempo es el mismo para todos.

Que avanza igual.

Que significa lo mismo.

Pero no.

Lo que para alguien es mucho, para otro apenas empieza.

Lo que para uno se siente eterno, para otro pasa sin dejar rastro.

Y no tiene nada de malo.

El tiempo no es una medida universal.

Es una experiencia.

Se contrae cuando estamos presentes.

Se alarga cuando estamos esperando.

Se detiene cuando algo nos atraviesa.

Y, a veces, regresa.

No como realidad, sino como sensación.

En una canción.

En un olor.

En una calle que no habías vuelto a pisar.

Y de pronto no estás aquí.

Estás en otro momento.

Con otra versión de ti.

Sintiendo algo que ya habías sentido.

Como si el tiempo no hubiera pasado realmente.

Como si solo hubiera cambiado de lugar.

Tal vez por eso hay cosas que no se van.

No porque no sepamos soltarlas, sino porque siguen existiendo en alguna parte de nosotros.

No intactas.

Pero sí presentes.

El tiempo no siempre borra.

A veces solo reacomoda.

Cambia la intensidad.

Modifica la forma.

Le da otro lugar a lo que fue.

Y quizá crecer también es entender eso.

Que no todo se mide igual.

Que no todo ocurre al mismo ritmo.

Que no todo tiene que sentirse de la misma manera para tener sentido.

Como esos relojes.

Funcionando al mismo tiempo, pero marcando algo distinto.

Y aun así, ambos siendo verdad.


-- Amor Hdz.






 
 
 

Entradas recientes

Ver todo
El idioma de dar

Sé dar. Lo sé tan bien que a veces creo que es lo único que sé hacer. Dar tiempo, dar palabras, dar presencia, dar cuidado. Dar incluso cuando ya no me queda nada. Dar desde el vacío, como si eso tamb

 
 
 
Pequeñas teorías sobre la memoria

La memoria no es un archivo. No guarda las cosas como fueron. Las guarda como las sentimos. Por eso cambia. Por eso a veces traiciona. Por eso hay recuerdos que se vuelven más suaves con el tiempo…y o

 
 
 

Comentarios


México

Contáctame

Pregúntame lo que sea

"Todos los textos publicados en este blog son propiedad intelectual de Amor M. Chávez H. y están protegidos por derechos de autor. Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización."

bottom of page