top of page

Lo que queda cuando baja el ruido

Recuerdo cuando amar era fácil. 

Cuando bastaba una mirada, una canción, un mensaje a medianoche para creer que todo tenía sentido.

En ese tiempo creíamos en todo.

En los besos que duraban horas, en las promesas que decían para siempre

No imaginábamos que alguien pudiera usar nuestras emociones inequívocamente, ni que nuestra vulnerabilidad —tan visible, tan pura— pudiera volverse una grieta.

El amor llegaba rápido, 

sin permisos ni advertencias, y el desamor también. 

Era cuestión de días, a veces de miradas. 

Todo dolía con la misma velocidad con la que aparecía.

Pero con los años —con las caídas, con los silencios— amar se volvió distinto. 

Más lento. Más profundo. Más consciente.

Ya no nos enamoramos igual. 

Nos da miedo confiar, miedo sentir demasiado, miedo entregar algo que tal vez no regrese. 

Aprendimos a medir las palabras, a no escribir tan pronto, a no decir “te quiero” en voz alta por si acaso.

Y sin embargo,

seguimos buscando amor. 

Solo que ya no lo confundimos con vértigo. 

Ya no creemos que amar sea perderse, sino encontrarse con alguien sin dejar de ser uno mismo.

Con los años entendemos que el amor no siempre es fuego, 

sino la decisión de quedarse, 

de elegir a alguien todos los días, 

de construir algo que no se rompa con el primer silencio.

Amar ahora es más estable, 

más real, menos heroico. 

Ya no se trata de promesas eternas, sino de la simple verdad de acompañarse mientras dure la vida compartida.

Y sobre todo, 

de aprender a amarnos también a nosotros, 

porque descubrimos que,

casi siempre, éramos nosotros quienes no estábamos bien.

Y eso no es malo. Es crecer. Es entender que cada decepción también nutre, que cada pérdida nos enseña a amar con más calma, menos intensidad, más conciencia.

Amar distinto no es amar menos.


 Es amar sabiendo lo que cuesta llegar hasta aquí.


 Y aun así,


 seguir creyendo que vale la pena.



-Amor Hdz.

 
 
 

Entradas recientes

Ver todo
El poder de no estar

Siempre pensé en qué poder me gustaría tener. Desde niña me inventé habilidades para sobrevivir al trayecto de regreso a casa. Volar, atravesar paredes, ser intangible cuando el mundo se sentía demasi

 
 
 
Todos miramos

Observamos para calmar algo.  No siempre por curiosidad. Muchas veces por ansiedad. Vivimos rodeados de vidas ajenas.  Desde hace tiempo aprendimos a consumir la intimidad como entretenimiento: realit

 
 
 

Comentarios


México

Contáctame

Pregúntame lo que sea

"Todos los textos publicados en este blog son propiedad intelectual de Amor M. Chávez H. y están protegidos por derechos de autor. Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización."

bottom of page