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La ilusión de conexión

  • Foto del escritor: Amor Hdz
    Amor Hdz
  • hace 13 minutos
  • 2 Min. de lectura

Nunca habíamos estado tan disponibles.

Y, sin embargo, nunca habíamos estado tan lejos.

Podemos hablar con cualquiera, en cualquier momento, desde cualquier lugar.

Responder en segundos. Reaccionar. Compartir. Opinar.

Pero algo no termina de suceder.

Como si todo ocurriera en la superficie.

Las conversaciones son constantes, pero ligeras.

Los vínculos, inmediatos.

La presencia, fragmentada.

Estamos en muchos lugares al mismo tiempo…pero rara vez en uno por completo.

Hay algo extraño en ver a alguien caminar por la calle hablando solo, con un dispositivo en el oído. Hace años eso habría sido motivo de preocupación. Hoy es normal.

Y, aun así, la escena sigue teniendo algo inquietante.

Como si estuviéramos todos conectados… pero cada uno en su propio mundo.

La sobreestimulación no nos deja quedarnos.

Saltamos de una cosa a otra.

De una conversación a otra.

De una emoción a otra.

Sin terminar de habitar ninguna.

Y entonces aparece esa sensación difícil de nombrar.

No es exactamente tristeza.

No es exactamente vacío.

Es más bien una forma de soledad silenciosa.

Una que no se nota desde afuera.

Porque estamos rodeados de interacción.

Pero no necesariamente de conexión.

Nos conocemos a través de fragmentos.

Lo que alguien decide mostrar.

Lo que cabe en una historia.

Lo que puede sostenerse en una conversación rápida.

Pero pocas veces alcanzamos a ver lo que hay debajo.

Y tal vez el problema no es solo tecnológico.

Tal vez también es humano.

Tal vez la conexión real siempre ha requerido algo que hoy evitamos: tiempo, atención, incomodidad, profundidad.


Zygmunt Bauman hablaba de la “modernidad líquida”, un estado donde los vínculos se vuelven frágiles, cambiantes, fácilmente reemplazables.

Relaciones que no buscan durar, sino adaptarse a la inmediatez.


Y quizá eso es lo que estamos viviendo.

Una forma de estar juntos sin estar realmente.

Como si participáramos en una especie de actuación colectiva donde todos estamos presentes… pero nadie termina de llegar del todo.

Nos acostumbramos a estar disponibles, pero no presentes.

A hablar, pero no a escuchar.

A mostrarnos, pero no a ser vistos.

Y en medio de todo eso, algo esencial empieza a diluirse.

La experiencia de estar con alguien sin distracciones.

De sostener una conversación que no necesita apurarse.

De mirar a alguien y sentir que realmente está ahí.

Tal vez no estamos perdiendo la capacidad de conectar.

Tal vez solo la estamos reemplazando por algo más rápido, más cómodo, más inmediato.

Pero también más vacío.

Y quizá, en algún punto, tendremos que preguntarnos:

si todo esto que llamamos conexión…realmente lo es.


-- Amor Hdz.

 
 
 

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