La brutalidad de mirarme
- Amor Hdz
- 28 abr 2025
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 17 jul 2025
A veces no quiero sanar.
A veces quiero quedarme justo ahí, donde duele.
No porque me guste el dolor, sino porque a veces es lo único que se siente real.
He tenido que admitir cosas que no me gusta ver en voz alta. Que a veces saboteo lo que podría ser bueno, antes de que pueda doler. Que no siempre fue que los otros no estaban listos. Que no siempre fue que no era para mí.
A veces fui yo quien apagó la luz primero. Quien bajó la energía. Quien empezó a desaparecerse. Porque me daba más miedo quedarme y confirmar que, incluso dando todo, no sería suficiente.
Así que me fui. Incluso si quería quedarme. Incluso si me dolía irme.
Y claro, me he contado mil veces que he evolucionado.
Que ahora sé soltar.
Que me amo más.
Y sí... en parte es cierto.
Pero también es cansancio. También es fatiga de construir sobre ruinas. De volver a abrirme cuando ya sé cuánto puede doler.
No todo lo que creí trascender lo he sanado. Hay heridas que simplemente congelé, porque ya no quise volver a romperme igual.
Todavía sueño, aunque a veces no lo diga, con ser elegida primero.
Que alguien me vea y me diga: "tú", sin dudarlo, sin condiciones.
Sin tener que explicarme. Sin tener que demostrar todo lo bueno que soy. Solo porque sí. Porque mi existencia ya es suficiente.
Y aunque me repita que estoy bien sola, sé que algo adentro de mí tiembla cuando eso no pasa. No porque no pueda estar sola. Sino porque todavía, en el fondo, hay una parte de mí que duele cuando no sucede.
He cargado dolores que no eran míos también. He sentido tristezas que los demás ni siquiera sabían que tenían. Y me creí fuerte por eso. Y me creí buena. Pero muchas veces fue abandono de mí misma.
No estoy aquí para salvar a nadie.
Estoy aquí para no soltarme a mí.
Y hay algo más brutal.
Algo que apenas estoy empezando a entender: A veces me siento más real en el dolor que en la felicidad.
Cuando sufro, siento que toco algo verdadero. Algo que no se rompe tan fácil.
La felicidad, en cambio, se me sigue sintiendo frágil. Tan ligera que da miedo. Tan bonita que asusta.
Así que a veces prefiero quedarme en el borde. Donde no hay tanto que perder.
También he amado futuros. No personas. He amado la idea de quienes podrían ser. La promesa escondida bajo todo lo que no eran todavía. Y me he roto, más de una vez, esperando que quisieran ser quienes yo veía en ellos.
Y sí. Soy independiente. Sé caminar sola. Sé estar conmigo.
Pero a veces también sé que hay resignación detrás de eso.
Un pequeño susurro que dice: "Si no va a ser real, si no va a sostenerme de verdad, prefiero no tenerlo."
No nací para fingir que no necesito a nadie. Nací para compartir.
Para amar sin tener que volverme pequeña. Para amar sin amputarme pedazos.
Hace poco leí una frase que me dolió bonito.
Una frase del poeta místico Rumi:
"No es tu tarea buscar el amor, sino encontrar dentro de ti todas las barreras que has construido contra él."
Quizá todo este tiempo no he estado buscando amor afuera. Quizá todo este tiempo he estado peleando con mis propias murallas. Las que construí para no volver a caer de lleno. Las que creí que me protegían... y que a veces me matan de soledad.
Hoy no tengo grandes certezas.
Hoy no sé si he sanado.
Pero sé que ya no quiero seguir escapando de mí.
No necesito ser más fuerte.
No necesito ser más sabia.
No necesito ser más especial.
No soy un proyecto.
No soy una promesa de futuro.
No soy algo que se tiene que perfeccionar para merecer amor.
Soy un ser humano.
Y aunque a veces eso duela.
Y aunque a veces quiera huir de mí.
Hoy sé que eso ya es suficiente.
Amor Hdz.

Comentarios