top of page

2,920 días

Actualizado: 17 jul 2025

No hay aniversarios para los días que casi no cuentan.

Nadie pone una vela por los silencios. Pero yo recuerdo. A veces con nudos. A veces con calma. A veces, solo con la certeza de haber regresado de un lugar al que no le deseo a nadie.

Cuando pienso en aquel día, no recuerdo mucho. Algunas frases cruzaban mi mente como cuchillas, y los sentimientos explotaban dentro de mi cabeza sin ningún orden, como fuegos artificiales tristes. No supe bien en qué momento empecé a perder el conocimiento. Solo recuerdo a mi madre llegando. A mi hermano preguntando por teléfono si estaba bien.

Desde entonces han pasado 2,920 días.

Y probablemente la mayoría de esos días no sentía que los vivía realmente.

Desde ese día y los que vinieron después, me esforcé en encontrar una razón para seguir aquí. Me aferré a muchas cosas para lograrlo: a personas que no sabían quedarse, a lugares donde no encajaba, a emociones que me hacían daño, pero que al menos me hacían sentir algo. Hubo un tiempo que pasó como detenido. El reloj avanzaba, pero yo solo existía. Respiraba por inercia, sin presencia. Como si alguien más habitara mi cuerpo.

Nunca ha sido fácil. Pero después de ocho años, aprendí a vivir sola. Aprendí a cocinar. A pedir ayuda. A decir que no. Me tatué. Viaje. Aprendí a manejar. Se me olvidó. Baile. Me interné. Conocí gente de todo el mundo. Me fui. Me quedé. Me lloré entera. Me volví a construir. Dejé de ser yo y volví a mi centro, como quien regresa de un largo viaje para conectar los pequeños puntos de una vida que había olvidado cómo sentirse viva.

Mi cuerpo lo ha sabido todo antes que yo. Supo cuándo se rompió, cuándo necesitaba dormir tres días seguidos, cuándo decir “ya no puedo” sin decir nada.

Sufrió tantos cambios que muchas veces me costó reconocerme en el reflejo, ni siquiera en el del espejo, sino en el que veía en los ojos de los demás. Fui cruel conmigo misma. Me lastimé de formas tan silenciosas como brutales. No porque quisiera dañarme, sino porque no sabía cómo transformar lo que dolía.

A veces lo odié por haberme sostenido tanto.

Otras, lo abracé y le pedí perdón por cada intento de desaparecerlo. Hoy le agradezco por no haberse rendido. Por no soltarme. Por llevarme lejos y, de algún modo, ayudarme a encontrarme.

He amado con miedo. Y he tenido miedo del amor. Porque cuando te rompes, piensas que nadie va a querer tocar tus pedazos.

Dejé de creer en quienes escuchaban mi historia solo por encima, o fingían hacerlo para obtener algo a cambio. Pensé que el amor era algo que se otorgaba a quienes no incomodaban, a quienes estaban completos.

Pero aprendí que hay quien se sienta contigo entre los vidrios, sin intentar barrer nada. Que hay amores que no te salvan, pero te acompañan. Que no todos se quedan, pero hay quienes llegan para quedarse de formas distintas.

Y que, a veces, una también tiene que aprender a ser su propia casa. Una casa imperfecta, con goteras, pero con luz.

La muerte me ha rondado más veces de las que recuerdo. No le temo, pero ya no la busco desesperadamente. Dejé de perseguirla y de preguntarle por qué. Ahora sé que no todas las preguntas tienen respuesta inmediata.

Que el silencio también puede ser respuesta.

A veces la muerte llegaba como pensamiento. Otras, como insomnio, como vacío, como esa ausencia sin forma que se cuela en los días soleados. Pero cada vez que respiré sin quererlo, mi cuerpo —terco, valiente, sabio— me dijo: espera. Y aunque no entendía por qué, le hice caso. Esperé. Aquí estoy.

En estos años he creado. No solo cosas tangibles —palabras, fotos, historias, arte, viajes—sino espacios seguros, abrazos verdaderos, rituales de ternura. He sido para otros lo que tanto necesité. Y aunque a veces sigo cayendo, ahora sé cómo volver a levantarme sin romperme entera.

A veces me pregunto qué pensaría de mí aquella versión rota que quiso irse. Tal vez no creería que aprendí a hablar en voz alta. Que ahora bailo sola en la cocina. Que a veces río tanto que me duele el estómago. Y que otras veces, aún me siento tan sola como entonces. Pero sigo. Y eso es nuevo.

Hubo días —muchos— en los que deseaba rendirme. En los que me preguntaba si todo este esfuerzo tenía sentido. Pero también hubo días en los que una canción me salvó. Una mirada. Un abrazo. El sonido del mar. La risa de mis sobrinas. El calor de un mate recién hecho. El atardecer con personas nuevas. Cantar una canción entre lagrimas en medio de un concierto. El abrazo cálido de mi madre. Las pláticas entre tatuajes con mi hermano. Incluso la soledad.

Y aunque aún hay huecos que duelen, ya no son abismos. Son parte del mapa. De mi historia.

He perdido personas en el camino. Algunas por elección, otras por abandono. Aprendí que no todos están hechos para caminar contigo cuando tu carga pesa más que las palabras. Pero también encontré otras manos. Otros ojos. Nuevas formas de entender el amor.

Hoy no celebro el aniversario de ese día. Pero lo reconozco. Le hago espacio. Le doy voz. Porque sobreviví, aunque no quería. Porque sigo aquí. Y porque, incluso cuando no lo noto, he avanzado. He cambiado.


Y a veces, cuando me veo al espejo, pienso: no eras tú la que iba a rendirse.

Eras tú la que estaba aprendiendo a quedarse.


Si estás leyendo esto y también has sentido el peso de seguir…Quédate. A veces, lo más valiente no es avanzar. Es simplemente no irte. Hoy, yo tampoco me fui.


-- Amor Hdz.

 
 
 

Entradas recientes

Ver todo
El poder de no estar

Siempre pensé en qué poder me gustaría tener. Desde niña me inventé habilidades para sobrevivir al trayecto de regreso a casa. Volar, atravesar paredes, ser intangible cuando el mundo se sentía demasi

 
 
 
Todos miramos

Observamos para calmar algo.  No siempre por curiosidad. Muchas veces por ansiedad. Vivimos rodeados de vidas ajenas.  Desde hace tiempo aprendimos a consumir la intimidad como entretenimiento: realit

 
 
 

Comentarios


México

Contáctame

Pregúntame lo que sea

"Todos los textos publicados en este blog son propiedad intelectual de Amor M. Chávez H. y están protegidos por derechos de autor. Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización."

bottom of page