top of page

La calma después del ruido


Últimamente solo había ruido en mi mente, silencio, ruido y miedo.

Mi mamá se mudó a otra ciudad hace poco, y desde entonces siento que algo cambió de lugar. No fue un caos. Fue una sacudida silenciosa. De esas que no tumban nada, pero que te obligan a mirar con atención.

Siempre ha sido mi refugio y mi espejo, por momentos donde yo no se quien soy, por un momento perderlo se sintió como retroceder, aunque, curiosamente, también se ha sentido menos solitario. Saber que sigo aquí, que sigo intentándolo, me da una calma que antes no conocía.

He tenido mucha introspección en este tiempo. Y creo que es un trabajo incómodo, de esos que te obligan a reflejarte en partes de ti que no te gustan. Te miras de cerca y descubres actitudes, pensamientos, patrones que no hacen bien ni a ti ni a nadie. Y te preguntas: ¿por qué sigo haciéndolo así?

No es algo que se resuelva en un día. 

Es un trabajo constante, un volver una y otra vez al mismo punto hasta entenderlo desde otro ángulo.

Mi termómetro para saber que estoy bien, mejor que antes, siempre ha sido la escritura. Cuando no escribo, todo se vuelve nublado, disperso, expandido. Pero cuando vuelvo a escribir, las cosas se ordenan. Puedo ver mis ideas, mis emociones, mis límites. Puedo ver que, aunque parezca que nada cambia, sí lo hago.

He aprendido que las cosas se están dando como se tienen que dar. No siempre de la forma que quiero, pero sí de la que necesito. Y confiar en eso ha sido uno de mis mayores retos.

Mi mente tiende a querer controlar todo lo que ama, pero cada vez confío un poco más.

Ya no me da tanto miedo tener una crisis. Sé que voy a volver a estar bien. Y aunque suene simple, eso es enorme.

Volver a mis meditaciones, acercarme al budismo, encontrar placer en lo cotidiano: jugar, reír, bromear de cosas banales, hacer videollamadas con mi mamá (Porque gracias a Dios, bendita tecnología), salir a tomar algo, ver películas, acariciar a mis gatos… o simplemente no hacer nada un día toda la mañana hasta que llega la tarde, todo eso me devuelve a mí misma.

Me enseña que estar viva no se trata de tenerlo todo resuelto, sino de seguir aquí, aprendiendo a fluir, a respirar, a soltar.

Y sí, a veces llegan cosas nuevas: personas, emociones, tambaleos. Pero ya no me rompen igual. Cada vez se hace más fácil. Cada vez puedo mirar lo que sí hay y no solo lo que quiero que sea.

He entendido algo: esa idea de “lo que quiero” muchas veces no viene de mí, sino del miedo, del trauma, del deseo de llenar un vacío.

Y cuando dejo de perseguirla, todo se acomoda un poco mejor.

Hoy me siento tranquila. No porque todo esté bien, sino porque yo sí lo estoy.


-Amor Hdz

Días de calma.
Días de calma.




 
 
 

Entradas recientes

Ver todo
El idioma de dar

Sé dar. Lo sé tan bien que a veces creo que es lo único que sé hacer. Dar tiempo, dar palabras, dar presencia, dar cuidado. Dar incluso cuando ya no me queda nada. Dar desde el vacío, como si eso tamb

 
 
 
Pequeñas teorías sobre la memoria

La memoria no es un archivo. No guarda las cosas como fueron. Las guarda como las sentimos. Por eso cambia. Por eso a veces traiciona. Por eso hay recuerdos que se vuelven más suaves con el tiempo…y o

 
 
 
La velocidad del presente

Vivimos como si siempre hubiera algo más importante que el presente. Algo que hacer. Algo que resolver. Algo que pensar. Siempre hay un después. Después de terminar esto. Después de sentirnos mejor

 
 
 

Comentarios


México

Contáctame

Pregúntame lo que sea

"Todos los textos publicados en este blog son propiedad intelectual de Amor M. Chávez H. y están protegidos por derechos de autor. Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización."

bottom of page